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Chisporroteos
Alberto F. Cañas
Desde
que se comenzó a hablar de la posibilidad de un Tratado de
Libre Comercio con los Estados Unidos, empezó a esparcirse
por la prensa (no solo en las páginas de opinión sino
también en las informativas), el concepto de competitividad.
El tratado nos obligará a ser competitivos,
decían. Y muchos, sabiendo lo competitiva que había
sabido ser Costa Rica en todos los mercados de café, admitimos
que en materia de competitividad (quiero decir: de competitividad
comercial en el mercado, que es de la que se trataba) no era mucho
lo que teníamos que aprender.
Pero conforme avanzaba la misteriosa conversación
sobre el tratado, pudimos ver que no era exactamente de libre comercio,
sino de muchas otras cosas más. Que era una especie de enciclopedia
que aspiraba a regular prácticamente toda nuestra vida económica,
y que si no se metía con la vida privada de los ciudadanos
costarricenses, fue porque a ninguno de los negociadores se le ocurrió
proponer a los Estados Unidos semejante cosa, por lo cual supongo
que debemos vivir enteramente agradecidos.
Ahora comienzan a salir ciertas uñas que
no se habían sacado. Y ya va apareciendo que la competitividad
de que nos hablaban no era exactamente la competitividad de nuestros
exportadores en los mercados, sino otra. Y cuidado con esa otra.
Ojo al Cristo: ahora se dice que debemos ser competitivos
en eso de atraer compañías transnacionales, porque
de lo que se trata (y uno sin enterarse a tiempo) es de que vengan
muchas, muchísimas, todas, para que todos los costarricenses
podamos tener el privilegio de ser empleados de ellas, y abandonemos
esa majadería pasada de moda de ser propietarios.
¿Y competitivos con quién? Pues naturalmente
con los otros países de Centroamérica y la República
Dominicana. Debemos, pues, competir con los otros en la atracción
de compañías transnacionales de esas que dejan aquí
salarios y comisiones y se llevan los dividendos.
¿Y cómo competir en la atracción
de esas companies que nos sacarán de pobres como antaño
la United Fruit y la Bond & Share? Pues naturalmente, ofreciéndoles
y ofreciéndoles. ¿Qué? Pues lo de siempre:
exoneraciones de impuestos, hacernos los tontos en materia laboral,
tal vez revivir los CATS… En todo caso, ofrecer mejores condiciones
que los otros centroamericanos. Y ahí si que las vamos a
ver negras. Porque, por definición, los otros centroamericanos
son más atractivos que nosotros pues no tienen tanta vaina
como nosotros tenemos por culpa de esos viejos idiotas que nos gobernaron
antes de 1986. Y a pesar de que el tratado hace muchísimas
concesiones en materia de jurisdicción de tribunales y cosas
por el estilo, eso también lo aplicarán nuestros morazánicos
hermanos.
¿Cómo haremos para competir en ese
campo? ¿A qué estaremos obligados para poder competir
en él? ¿Cómo haremos para (con toda nuestra
legislación a cuestas) competir con los otros en atraer benefactores
transnacionales?
(Tomado de La República / Abril 12, 2006)
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