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Resultado de las elecciones
presidenciales 2006
El pasado 5 de febrero será una fecha que
quedará gravada en la historia patria, no solo por registrarse
la más reñida elección presidencial, sino porque
este pueblo “valiente y viril”, supo, una vez más,
actuar con madurez y patriotismo.
A pesar del alto abstencionismo, síntoma del desánimo
y la profunda decepción hacia los políticos de viejo
cuño, quienes sí votaron lo hicieron con una mayor
conciencia nacional, sin dejarse influir, al menos como se hubiera
esperado, por la millonaria campaña mediática de más
de 8 meses del candidato del Partido Liberación Nacional
(PLN), a través de la prensa, la radio, la televisión,
mensajes en casilleros de voz, cadenas de correos en la red Internet,
entre otros.
Dos hechos sin embargo, empañan este proceso: 1) que se
pudiera haber reelegido a un candidato que gracias a la Resolución
de la Sala Constitucional No. 2771-2003 del 4 de abril del 2003,
pudo postularse aun cuando el Artículo No. 132 de nuestra
Constitución Política prohíbe la reelección
presidencial y 2) la gran cantidad de denuncias que mantienen al
país en vilo, a la espera de la resolución del Tribunal
Supremo de Elecciones (TSE). Las denuncias van desde la pérdida
injustificada del Padrón Registro y papeletas sobrantes,
hasta el voto de personas fallecidas e inconsistencias en las actas
de cierre de las mesas.
Y es que dando por descontado la honorabilidad de los funcionarios
del TSE, permanece todavía el problema de la debilidad del
sistema electoral, al dejar el proceso de votación en manos
de miles de miembros de mesa de los mismos partidos políticos,
muchos sin ninguna capacitación para cumplir a cabalidad
con esa delicada labor.
Es imperativo que el nuevo gobierno haga una profunda reflexión
sobre las políticas neoliberales con que los partidos mayoritarios
han venido gobernando el país durante los últimos
25 años, pues solo el 25% de la población costarricense
parece avalar la senda, claramente señalada por algunas agrupaciones
políticas, al plantear su irrestricto apoyo al Tratado de
Libre Comercio con los Estados Unidos (TLC).
Debe servir esta experiencia, para retomar las
reformas que han sido postergadas e ignoradas injustificadamente
por años, tales como la reducción del aporte del Estado
al proceso y la elección individual de los diputados, además
de las reformas al Código Electoral necesarias para garantizar
que el TSE controle también los detalles y no solo las generalidades,
como ha quedado demostrado en el presente proceso electoral y para
que nunca más se puedan calificar como “normales”,
las irregularidades presentadas en esta ocasión. Todo esto
contribuirá decididamente a que la población vuelva
a confiar en aquellos elegidos para conducir los destinos de Costa
Rica.
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