Sindicato de Ingenieros y Profesionales del ICE, RACSA y CNFL
Sindicato de Ingenieros y Profesionales del ICE, RACSA y CNFL Boletín SIICE Digital #6     •      Edición 01-06     •      Febrero 2006

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Las elecciones más allá de los sabios oficiales
Luis Paulino Vargas Solís

Las elecciones mas alla de los sabios oficialesVarios han sido los grandes derrotados en la reciente campaña electoral: Oscar Arias y la gran prensa, en primer lugar. En un plano menos evidente, pero sí más significativo, el TLC con Estados Unidos. Y, en el nivel más profundo, la oligarquía financiera; angurrienta, egoísta y apátrida. Y, con ella, su proyecto de sociedad neoliberal, subordinada a intereses extranjeros, polarizada y esencialmente inhumana.

La prensa apostó a perder hasta el último momento y aún al día siguiente de las elecciones. La encuesta a la salida de la urna de Teletica el domingo en la noche, fue epitafio patético para una estrategia de manipulación de la opinión pública que pretendió mantenerse en pie inclusive después de cerradas la votación. El titular de La Nación al amanecer lunes (“Arias confía en la victoria”) sacó a flote -sin tapujos ni pudor- lo que bulle en el inconsciente de quienes dirigen y hacen este medio, ¿Arias confiaba en la “victoria” o -en vano esfuerzo de negación de la realidad- La Nación expresaba con desesperación su deseo obsesivo de que tal “victoria” pudiera confirmarse?

En todo caso, hay que decirlo: ya no hay victoria posible para Arias, cosa que, desde luego, jamás entenderá ni La Nación, ni Telenoticias o Repretel, hoy bañados en lágrimas, mientras se lamen sus heridas purulentas. Inclusive si es investido presidente será -como nunca en la historia de este país- un presidente derrotado…irremediable y catastróficamente perdedor. Con los millones de millones dilapidados y sus aires principescos y la inmensa complicidad mediática en que se arropó…hasta con su Premio Nóbel y una Sala Constitucional sumisa ante su megalomanía galopante.

Pero la prensa no cede un ápice. Aunque postrada y maltrecha, aun intenta fingir que “aquí no ha pasado nada”. Y para ello cuenta con un ejército de sabios oficiales encargados de justificar lo jamás esperado, en una letanía de lugares comunes y frases cajoneras, trajeadas de gestos doctorales y poses de erudición.

Uno de los notables “descubrimientos” de los doctores mediáticos es que, de aquí en más, se terminaron los partidos. La gente -nos instruyen- simplemente votó por personas. O sea; fue un asunto de simpatía por Ottón o Arias. Falso. Y, por cierto, una muy conveniente falsedad. Intentan lanzar una cortina de humo sobre el problema de fondo. Porque evidenciarlo no es tan solo sacar a la luz la derrota que los arrastra, sino exhibir la ilegitimidad popular de su proyecto neoliberal de sociedad y, con este, la ilegitimidad del TLC.

Los sabios oficiales elucubran elegantes, a ver cómo calman a la plebe soliviantada y tranquilizan el corazoncito maltrecho de los oligarcas. Mas lo cierto es que este ha sido el resultado electoral más ideológicamente determinado que se registra en muchos, muchos años en Costa Rica. A pesar del propio Ottón, tercamente reacio a reconocer que él mismo posee una ideología.

Los que votaron por Oscar Arias lo hicieron por tradición partidaria; por adhesión emocional con el glamoroso “señor-premio-nóbel” y su archimillonaria campaña -inclusive la de “a gratis” con lo que lo gratificaban los grandes medios- y, los menos, por identificación conciente con su programa político de derechas, comprometido con el TLC y los intereses más poderosos y concentrados.

Detrás del voto por Ottón Solís también pesaron diversas motivaciones. La adhesión al PAC como partido o, más probablemente, la confianza en el liderazgo de Solís, o, quizá, la combinación de ambas cosas. Esencialmente porque Ottón logró acertar en el lenguaje que entiende el inconciente colectivo del pueblo costarricense. Esa es la misma razón que explica el fracaso de Guevara y su cuadrilla de choque, quienes, lejos de sus expectativas (y sus millones), terminaron en un oscuro y lejano tercer lugar. Porque para los libertarios no existe una historia ni un legado patrio que respetar, preservar y enriquecer, sino tan solo un proyecto totalitario de abolición de la historia y supresión hasta sus raíces más hondas de toda una concepción -la propia de la nacionalidad costarricense- acerca de la convivencia en sociedad.

Este inconciente, de raíces profundamente patrióticas y democráticas, se ha labrado a lo largo de generaciones, y palpita en un imaginario colectivo que se construye -intuitiva más que racionalmente- alrededor de nociones de justicia social, participación en democracia y control sobre los propios destinos.

Es la misma conciencia democrática que ha animado y sostenido -con apenas dos pesos en el bolsillo- al movimiento social que, hasta la fecha, ha logrado frenar la aprobación del TLC. La misma que -tumultuosa y palpitante- emergió por todos los poros de Costa Rica para frenar el esperpento del Combo ICE.

Cuando al fin Ottón Solís entendió -y bien aprovechado sea para su futuro político y el del PAC- que, más allá de un conjunto de rígidas reglas morales, hay un universo de gentes que -desangradas por la injusticia y la marginación- andan en búsqueda de alguna respuesta valedera para sus vidas, en ese momento, asimismo, empezó a construir canales de diálogo con el inconsciente colectivo del pueblo costarricense.
Eso es lo que, en su momento histórico, hizo grande a Pepe Figueres. Esa ha sido, en cambio, la enorme falla de la izquierda no obstante su compromiso fundamental con el pueblo. Porque no basta tener ese compromiso si no se posee la capacidad para hacerlo inteligible y convertirlo en vivencia real en vez de reducirlo a promesa mesiánica.

Por eso mucho más gente de la que nadie esperaba terminó votando por Ottón Solís. Disimulado tras cancioncitas pegajosas, discursitos perfumados y triquiñuelas mediáticas, el mensaje de Arias era -todo lo contrario- extraño, e inclusive opuesto, a las aspiraciones más fundamentales de este pueblo. Y maliciosa y desconfiada -no en vano han sido tantas las mentiras proferidas- la gente entendió que había gato encerrado.

En cambio, en Ottón el pueblo reencontró un programa que se nutre de nuestra propia tradición histórica, de esas grandes aspiraciones que nutren el alma de esta nación. Y esto es algo mucho más rico y complejo que el solo mensaje moralista.

Contra ese inconsciente democrático -pretendiendo su supresión y aplastamiento- ha estado dirigida la inmensa batería de manipulación y estupidización, que, con el paso del tiempo, adquiere agudizada virulencia. Y, con ello, se ha querido cortar las raíces mismas de la nacionalidad costarricense. El inmenso aparato mediático es pieza central en todo esto. En particular, dos han sido los picos que esta andanada de idiotización ha alcanzado recientemente: la campaña pro-TLC y la campaña para la elección de Arias. Ambas notablemente coincidentes en estilo y contenido. Ambas tendenciosas, sesgadas, manipuladoras. Ambas desplegadas en dos grandes ramales: la campaña “pagada” y la que -en gentil regalo- montan los grandes medios por su propia cuenta.

Esta enorme estrategia de asesinato de la nacionalidad costarricense ha perdido una batalla importantísima. De momento, Costa Rica conserva intacto su inconsciente democrático, su opción por la justicia y la democracia, por una patria soberana. Aún podría haber otro “Combo ICE” que entierre el TLC. Y, de proponérselo, el PAC podría aprender un poco más y leer un poco más profundamente en el alma de nuestro pueblo. Y la izquierda -para viabilizarse como un proyecto pluralista y democrático- podría, también, escrutar con más humildad en ese inconsciente colectivo. Que, por esa vía, quizá PAC e izquierda puedan confluir en la construcción de un nuevo proyecto de sociedad: el de una Costa Rica capaz de hacerse cargo, con plena conciencia y decisión, de su opción por un desarrollo justo, democrático, respetuoso de la naturaleza, integrado con el mundo y, sin embargo, plenamente soberano.

*Por: Luis Paulino Vargas Solís
Especial para Argenpress.info

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