Aviso:
La sección Voces es un espacio de opinión para
los afiliados y colaboradores del SIICE, los comentarios incluidos
en la sección, pertenecen únicamente al escritor.
Se respeta la redacción del autor. SIICE Digital no se hace
responsable por las opiniones aquí expresadas. Su opinión
es importante para nosotros, envíe sus artículos,
comentarios, sugerencias o quejas, aquí serán publicadas.*SIICE
Digital sigue una línea editorial que se toma en cuenta al
publicar cualquier documento.
|
Voces >
Las elecciones más
allá de los sabios oficiales
Luis Paulino Vargas Solís
Varios
han sido los grandes derrotados en la reciente campaña electoral:
Oscar Arias y la gran prensa, en primer lugar. En un plano menos
evidente, pero sí más significativo, el TLC con Estados
Unidos. Y, en el nivel más profundo, la oligarquía
financiera; angurrienta, egoísta y apátrida. Y, con
ella, su proyecto de sociedad neoliberal, subordinada a intereses
extranjeros, polarizada y esencialmente inhumana.
La prensa apostó a perder hasta el último momento
y aún al día siguiente de las elecciones. La encuesta
a la salida de la urna de Teletica el domingo en la noche, fue epitafio
patético para una estrategia de manipulación de la
opinión pública que pretendió mantenerse en
pie inclusive después de cerradas la votación. El
titular de La Nación al amanecer lunes (“Arias confía
en la victoria”) sacó a flote -sin tapujos ni pudor-
lo que bulle en el inconsciente de quienes dirigen y hacen este
medio, ¿Arias confiaba en la “victoria” o -en
vano esfuerzo de negación de la realidad- La Nación
expresaba con desesperación su deseo obsesivo de que tal
“victoria” pudiera confirmarse?
En todo caso, hay que decirlo: ya no hay victoria posible para
Arias, cosa que, desde luego, jamás entenderá ni La
Nación, ni Telenoticias o Repretel, hoy bañados en
lágrimas, mientras se lamen sus heridas purulentas. Inclusive
si es investido presidente será -como nunca en la historia
de este país- un presidente derrotado…irremediable
y catastróficamente perdedor. Con los millones de millones
dilapidados y sus aires principescos y la inmensa complicidad mediática
en que se arropó…hasta con su Premio Nóbel y
una Sala Constitucional sumisa ante su megalomanía galopante.
Pero la prensa no cede un ápice. Aunque postrada y maltrecha,
aun intenta fingir que “aquí no ha pasado nada”.
Y para ello cuenta con un ejército de sabios oficiales encargados
de justificar lo jamás esperado, en una letanía de
lugares comunes y frases cajoneras, trajeadas de gestos doctorales
y poses de erudición.
Uno de los notables “descubrimientos” de los doctores
mediáticos es que, de aquí en más, se terminaron
los partidos. La gente -nos instruyen- simplemente votó por
personas. O sea; fue un asunto de simpatía por Ottón
o Arias. Falso. Y, por cierto, una muy conveniente falsedad. Intentan
lanzar una cortina de humo sobre el problema de fondo. Porque evidenciarlo
no es tan solo sacar a la luz la derrota que los arrastra, sino
exhibir la ilegitimidad popular de su proyecto neoliberal de sociedad
y, con este, la ilegitimidad del TLC.
Los sabios oficiales elucubran elegantes, a ver cómo calman
a la plebe soliviantada y tranquilizan el corazoncito maltrecho
de los oligarcas. Mas lo cierto es que este ha sido el resultado
electoral más ideológicamente determinado que se registra
en muchos, muchos años en Costa Rica. A pesar del propio
Ottón, tercamente reacio a reconocer que él mismo
posee una ideología.
Los que votaron por Oscar Arias lo hicieron por tradición
partidaria; por adhesión emocional con el glamoroso “señor-premio-nóbel”
y su archimillonaria campaña -inclusive la de “a gratis”
con lo que lo gratificaban los grandes medios- y, los menos, por
identificación conciente con su programa político
de derechas, comprometido con el TLC y los intereses más
poderosos y concentrados.
Detrás del voto por Ottón Solís también
pesaron diversas motivaciones. La adhesión al PAC como partido
o, más probablemente, la confianza en el liderazgo de Solís,
o, quizá, la combinación de ambas cosas. Esencialmente
porque Ottón logró acertar en el lenguaje que entiende
el inconciente colectivo del pueblo costarricense. Esa es la misma
razón que explica el fracaso de Guevara y su cuadrilla de
choque, quienes, lejos de sus expectativas (y sus millones), terminaron
en un oscuro y lejano tercer lugar. Porque para los libertarios
no existe una historia ni un legado patrio que respetar, preservar
y enriquecer, sino tan solo un proyecto totalitario de abolición
de la historia y supresión hasta sus raíces más
hondas de toda una concepción -la propia de la nacionalidad
costarricense- acerca de la convivencia en sociedad.
Este inconciente, de raíces profundamente patrióticas
y democráticas, se ha labrado a lo largo de generaciones,
y palpita en un imaginario colectivo que se construye -intuitiva
más que racionalmente- alrededor de nociones de justicia
social, participación en democracia y control sobre los propios
destinos.
Es la misma conciencia democrática que ha animado y sostenido
-con apenas dos pesos en el bolsillo- al movimiento social que,
hasta la fecha, ha logrado frenar la aprobación del TLC.
La misma que -tumultuosa y palpitante- emergió por todos
los poros de Costa Rica para frenar el esperpento del Combo ICE.
Cuando al fin Ottón Solís entendió -y bien
aprovechado sea para su futuro político y el del PAC- que,
más allá de un conjunto de rígidas reglas morales,
hay un universo de gentes que -desangradas por la injusticia y la
marginación- andan en búsqueda de alguna respuesta
valedera para sus vidas, en ese momento, asimismo, empezó
a construir canales de diálogo con el inconsciente colectivo
del pueblo costarricense.
Eso es lo que, en su momento histórico, hizo grande a Pepe
Figueres. Esa ha sido, en cambio, la enorme falla de la izquierda
no obstante su compromiso fundamental con el pueblo. Porque no basta
tener ese compromiso si no se posee la capacidad para hacerlo inteligible
y convertirlo en vivencia real en vez de reducirlo a promesa mesiánica.
Por eso mucho más gente de la que nadie esperaba terminó
votando por Ottón Solís. Disimulado tras cancioncitas
pegajosas, discursitos perfumados y triquiñuelas mediáticas,
el mensaje de Arias era -todo lo contrario- extraño, e inclusive
opuesto, a las aspiraciones más fundamentales de este pueblo.
Y maliciosa y desconfiada -no en vano han sido tantas las mentiras
proferidas- la gente entendió que había gato encerrado.
En cambio, en Ottón el pueblo reencontró un programa
que se nutre de nuestra propia tradición histórica,
de esas grandes aspiraciones que nutren el alma de esta nación.
Y esto es algo mucho más rico y complejo que el solo mensaje
moralista.
Contra ese inconsciente democrático -pretendiendo su supresión
y aplastamiento- ha estado dirigida la inmensa batería de
manipulación y estupidización, que, con el paso del
tiempo, adquiere agudizada virulencia. Y, con ello, se ha querido
cortar las raíces mismas de la nacionalidad costarricense.
El inmenso aparato mediático es pieza central en todo esto.
En particular, dos han sido los picos que esta andanada de idiotización
ha alcanzado recientemente: la campaña pro-TLC y la campaña
para la elección de Arias. Ambas notablemente coincidentes
en estilo y contenido. Ambas tendenciosas, sesgadas, manipuladoras.
Ambas desplegadas en dos grandes ramales: la campaña “pagada”
y la que -en gentil regalo- montan los grandes medios por su propia
cuenta.
Esta enorme estrategia de asesinato de la nacionalidad
costarricense ha perdido una batalla importantísima. De momento,
Costa Rica conserva intacto su inconsciente democrático,
su opción por la justicia y la democracia, por una patria
soberana. Aún podría haber otro “Combo ICE”
que entierre el TLC. Y, de proponérselo, el PAC podría
aprender un poco más y leer un poco más profundamente
en el alma de nuestro pueblo. Y la izquierda -para viabilizarse
como un proyecto pluralista y democrático- podría,
también, escrutar con más humildad en ese inconsciente
colectivo. Que, por esa vía, quizá PAC e izquierda
puedan confluir en la construcción de un nuevo proyecto de
sociedad: el de una Costa Rica capaz de hacerse cargo, con plena
conciencia y decisión, de su opción por un desarrollo
justo, democrático, respetuoso de la naturaleza, integrado
con el mundo y, sin embargo, plenamente soberano.
*Por: Luis Paulino Vargas Solís
Especial para Argenpress.info
[Anterior - Siguiente] |